miércoles, 7 de diciembre de 2016

Vigilia de la Inmaculada

Se prepara: Una imagen de la Virgen María, unas velitas en el suelo donde esté escrito el nombre de MARIA, la Biblia y un foco que ilumine y resalte la imagen (aunque estará apagado al inicio).

PRESIDENTE:  En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bienvenidos a esta celebración en torno a María, la llena de gracia, que no ha sido tocada por el pecado ni por un solo momento, la Inmaculada Concepción. En esta noche celebramos a María, que nos ayuda a acoger y a seguir a su Hijo Jesús, el que trae la salvación al mundo. Celebramos a María, que nos enseña a escuchar el nombre nuevo por el que Dios nos llama. Celebramos a María, que acompaña y alienta caminos misioneros de entrega en y para el mundo de hoy.

GESTO + CANTO: Se enciende el foco que ilumina la imagen de María mientras se canta María, mírame.

VOZ 1: DIOS REGALA A MARÍA UN NOMBRE NUEVO: LLENA DE GRACIA

VOZ 2 (un joven): Cuando el tiempo de Dios llegó a su plenitud, visitó la tierra y llamó a la puerta del corazón de una mujer, una puerta que siempre estaba abierta. Habló directamente con ella, traía una Buena Nueva para la humanidad. Así se comportó Dios y así se porta: escoge un lugar sencillo y pobre para entrar en el mundo, entra en la historia delicadamente, saludando, pidiendo acogida. Se acerca al ser humano con alegría, generando vida y esperanza.

Silencio breve

VOZ 3 (una joven): María, estás a la espera. Con tu corazón pobre y tus manos vacías, abiertas y libres. Acoges los planes de Dios, que traen la dicha y la paz para la humanidad.

Silencio breve

VOZ 2: Con María el mundo, también nosotros, quedamos habitados por Dios, abiertos a la ternura y al gozo.

SACERDOTE: Del Evangelio de San Lucas. (1,28b-29).
Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.

Silencio orante para releer el texto, fijándonos en qué es lo que más nos llama la atención y preguntándonos qué es lo que Dios quiere decirnos a través de eso.

VOZ 1: Un famoso rabino judío dice que todos, en la vida, tenemos tres nombres, pero sólo uno es el importante: El primero es el nombre que nos pone la familia al nacer. Podríamos decir que no es realmente nuestro nombre: es sólo el deseo de nuestros padres. El segundo es el nombre que nos pone la sociedad; es el nombre por el que se nos conoce, según lo que hagamos. Tampoco puede ser este nuestro nombre importante, porque representa sólo una parte de nosotros mismos. El tercero es el nombre que tenemos para Dios; el nombre que nos pone Dios, el nombre que surge del encuentro, de la experiencia de Dios. Este es nuestro verdadero nombre, el importante. Dice el rabino que toda nuestra vida debe estar orientada a descubrir cuál es el nombre por el que nos conoce Dios.

CANTO: Nadie nos  conoce más y mejor que Dios. Rezamos y cantamos el salmo 138: Tu me sondeas y me conoces…

VOZ 3: Hoy nos has reunido tu, María, éste es el nombre que te pusieron tus padres. En Nazaret, te conocieron por “la mujer de José” y “la madre de Jesús”. Pero tu verdadero nombre es aquel con que te saluda el Ángel: "llena de gracia”, llena de Dios, encantadora a los ojos de Yahvé.

* Llena de gracia… es la expresión del amor fiel de Dios que sustentará toda tu vida y, como fuente de agua viva, se derramará sobre la humanidad.
* Llena de gracia... es el nombre propio que Dios te dio a ti.
* Llena de gracia significa llena de Dios, llena del reino, llena de todos los preferidos de Jesús.
* Llena de gracia significa tener un corazón trabajado por Dios, que sale afuera y se convierte en anuncio gozoso de Jesús al mundo.
* María eres “llena de gracia”, porque la encarnación del Verbo... se realiza y cumple precisamente en ti... que eres “madre de Dios Hijo... la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu Santo”.

REFLEXIÓN: ¿CUÁL ES EL NOMBRE POR EL QUE DIOS TE LLAMA A TI?

Silencio breve

TESTIMONIOS VOCACIONALES: Escuchamos ahora el testimonio de algunas personas que nos comparten cómo descubrieron “su nombre”, su vocación: VIDA CONSAGRADA (se intercala el canto Enciéndeme), MATRIMONIO, SEMINARISTA (aproximadamente 5 minutos cada uno).

GESTO (según el tiempo OPCIÓN A u OPCIÓN B):

OPCIÓN A: Rezar juntos el Ave María, apoyándonos unos en otros poniendo la mano derecha sobre la persona que tenemos delante o al lado y los primeros se acercarán a la imagen de María y pondrán sus manos sobre ella, de manera que quedemos todos unidos.

OPCIÓN B: Recordemos ahora los nombres que, inspirada por Dios, ha dado la Iglesia a María. Se pueden rezar las letanías alternando lectores o bien que cada uno espontáneamente se dirija a nuestra Madre con el nombre que se dirige a ella o que más le llega y ayuda a rezar, y todos responden: Ruega por nosotros.

Santa María de la esperanza / Santa María del camino / Santa María de la luz / Madre de Dios

Virgen del silencio / Virgen de la escucha / Discípula de Cristo / Madre de la Iglesia / Madre y maestra

María, bendita entre todas las mujeres / María, dignidad de la mujer / Mujer fiel en la espera / Mujer fiel en el compromiso / Mujer fiel en el seguimiento / Mujer fiel junto a la cruz

Reina de la paz / Reina de las familias / Madre sacerdotal / Modelo de consagración a Dios / Madre de la humanidad

Oración final: María Inmaculada, llena de gracia, nos hemos reunido para alabarte, para alabar a Dios que ha hecho en ti maravillas. Enséñanos a vaciarnos de nosotros mismos, y a encontrar nuestra fuerza solo en Dios. Ayúdanos a creer, a confiar y a ponernos en las manos de Dios. Tú que te pusiste al servicio de todos, enséñanos a servir, enséñanos a amar. María, mujer de esperanza, Virgen de Adviento, que adelantaste, con tu respuesta, la llegada del Mesías: ayúdanos a mantener nuestras lámparas encendidas y a estar a la escucha, sin miedo, del nombre que Dios tiene para cada uno de nosotros.

SACERDOTE: Madre Inmaculada!
TODOS: Ruega por nosotros.

CANTO: Bendita sea tu pureza


"Dios regala a María un nombre nuevo: Llena de gracia...
¿Cuál es el nombre por el que te llama a ti?"

lunes, 28 de noviembre de 2016

Aviva el deseo - Adviento 2016

   La Iglesia es madre y, como tal, está siempre preocupada y ocupada en cuidar de nosotros, sus hijos. Acabamos de comenzar un nuevo Año litúrgico y, ¿cuáles son las primeras palabras que pone en nuestra boca? “Señor, AVIVA EN TUS FIELES…EL DESEO de salir al encuentro de Cristo que viene”.
   Imagino que esta oración tiene varias décadas pero se ve que desde siempre las personas tendemos a dejarnos vencer por el tedio y la rutina. Y la Iglesia, que por ser madre se da cuenta lo que piensan y sienten sus hijos antes que ellos mismos, pone en nuestros labios esta primera súplica: “aviva el deseo”.
   Quizá el gran problema de nuestra sociedad no sea ni el secularismo ni el anticlericalismo, ni la política ni las revoluciones, sino el pasotismo, el hastío, el haber perdido (consciente o inconscientemente) el anhelo, EL DESEO, de aquello que da sentido a nuestra vida. Mejor dicho, de AQUEL que da sentido a nuestra vida.
   Por eso, ¡qué mejor forma de comenzar este nuevo Año litúrgico pidiendo al Dios de la misericordia que avive en nosotros el deseo; que no repitamos como loros oraciones y rezos sino que con una mirada, con un silencio, quizá hasta con una lágrima de desesperación podamos implorar: “Te necesitamos, Señor, te deseamos, no podemos estar sin ti”!
   Es entonces cuando el “Ven Señor Jesús” que cantaremos, recitaremos y rezaremos por doquier cobrará nueva fuerza y verdadero sentido. Sobre todo porque la Iglesia (sí, nuestra madre que lo sabe antes de que lo pensemos) nos da la garantía: “…aviva en tus fieles el deseo de salir al encuentro de Cristo QUE VIENE”.
   Lo sintamos o no, lo supliquemos o no, estemos llenos de esperanza o sintiéndonos tristes y vacíos… ÉL VIENE, está viniendo, está esperando una puerta abierta. ¿Qué tal si nos atrevemos a abrir una rendija de nuestro corazón para ver si está ahí afuera, sonriente y sereno, exultante al ver que lo estábamos esperando… ¡Feliz Adviento!

MMYC’16




lunes, 31 de octubre de 2016

Orar con los santos

José de Nazaret: Enséñanos la disponibilidad a los planes de Dios Padre, aunque no los entendamos y nos despoje de nuestros proyectos.

María Magdalena: Enséñanos a amar apasionadamente al Señor Jesús y a confiar sin límites en su misericordia.

Juan Evangelista: Enséñanos a no abandonar nunca al Maestro y a permanecer a su lado hasta la cruz junto con María.

Marta de Betania: Enséñanos a confiar en Jesús como tú, para manifestarle siempre con libertad y sencillez lo que sentimos.

Pablo de Tarso: Enséñanos a ser valientes en el anuncio de la Buena Nueva, sin miedo al precio que ello suponga.

Teresa de Jesús: Enséñanos el divino arte de la amistad entrañable con Jesús, y a que nada nos turbe ni espante.

Agustín de Hipona: Enséñanos a buscar siempre la única Verdad que anhela el corazón, no buscando fuera lo que está dentro de nosotros.

Santa Mónica: Enséñanos el auténtico amor maternal: desear y anhelar para aquellos a quien se ama lo que Dios quiere de ellos.

San Juan Bosco: Enséñanos a acompañar a los niños y jóvenes con alegría y paciencia, sabiendo sacar lo mejor de ellos.

San Manuel González: Enséñanos a dejarnos eucaristizar para ser testigos de tu Presencia y a estar cerca de los abandonados de nuestro mundo.


María, guíanos en nuestro caminar hacia la santidad:

Madre, abre nuestro oído a la Palabra, 
para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.
Aviva en nosotras el deseo de seguir sus pasos,
saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.
Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.
Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor,
sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz.
Siembra en nuestros corazones el deseo de santidad.
Recuérdanos que en este camino no estamos nunca solos.
Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino.
Madre Inmaculada, tú que has hecho la voluntad del Padre,
sé nuestra intercesora para que nos dejemos llenar del Espíritu Santo
y le dejemos hacer en nuestra vida, como Tú. Amén.

domingo, 30 de octubre de 2016

Llamados a la santidad

   "Confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo... Lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: Seréis santos, porque yo soy santo..." (1Pe 1,13ss)
   Ser santos como nuestro Padre celestial, es decir, amar como nuestro Padre nos ama... Es Dios quien nos ha amado primero y en Jesús nos ha hecho sus hijos adoptivos. En nuestra vida todo es don de su amor. ¿Cómo quedar indiferentes ante un misterio tan grande? En Cristo se nos entregó totalmente a sí mismo, y nos llama a una relación personal y profunda con él.
   Tal vez esto les bastó a los santos, caer en la cuenta de que el Amor basta, y llevaban grabada la huella de ese Amor. Por eso, su distintivo fue convertirse en canal del amor de Dios encarnado que continuamente se nos ofrece en abundancia: "El que cree en mí... de sus entrañas manarán ríos de agua viva" (Jn 7,38).


   San Manuel González nos anima en el camino de la santidad con estas palabras:
   "Es un secreto a voces: a más fidelidad en el cumplimiento del propio deber, más santidad. Ser santo es lo mismo que ser fiel.
   Pero para que no se asusten, les diré que hay dos fidelidades, o mejor, dos modos de ejecutarla: la fidelidad de no caer nunca y la fidelidad de levantarse siempre. La primera fidelidad que conste, por lo menos por la fe, no la ha tenido de cierto y siempre más que nuestra Madre Inmaculada. La segunda, en cambio, la han tenido todos los santos y es la que los ha hecho santos.
   Teniendo a vuestro alcance a un Jesús tan manirroto y de Corazón tan de par en par a fuerza de dar misericordia, ¿tendréis miedo de ejercitar la fidelidad de levantaros siempre? ¡Siempre! Es decir, muchas, muchas, muchas veces. Antes os cansaréis vosotros de levantaros por falta de humilde confianza, que Él de daros su mano y el perdón de su Corazón por falta de misericordia."

martes, 18 de octubre de 2016

San Manuel González - Novena

Novena para alcanzar gracias por intercesión de San Manuel González

   "Señor Jesucristo te damos gracias porque en San Manuel González se ha hecho vida tu Misterio Eucarístico a través de una fe luminosa, una caridad intensa y una esperanza plena.
   Por su intercesión derrama en nosotros el deseo ardiente de eucaristizar, para que toda la humanidad acoja la Luz y la Vida que brota de tu Corazón y en unión de María Inmaculada seamos en el mundo testigos de un amor reparador.
   Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén".

Pídase la gracia que se desea alcanzar por la intercesión de San Manuel González.