miércoles, 22 de febrero de 2017

Casa de encuentro "Santa María de Nazaret" (Santa Fe, Argentina)


 Nuestra casa es un lugar tranquilo, un ambiente de silencio y oración, donde se ofrece la posibilidad de hacer retiros, encuentros y convivencias. ¡Los esperamos!

CONTACTO: Misioneras Eucarísticas de Nazaret
Teléfono: 0342-4607278
Dirección: Obispo Príncipe 680 - Santa Fe (Argentina)


lunes, 20 de febrero de 2017

Casa de espiritualidad Nazaret - Zaragoza

Una casa de puertas abiertas en pleno centro de #Zaragoza, 
orientada a grupos para: 
Convivencias - Talleres - Retiros - Formación - 
Reuniones - Alojamiento de peregrinos - Ejercicios espirituales
¿Aún no la conoces? ¡Te esperamos!




martes, 7 de febrero de 2017

Ejercicios Espirituales - Nazaret Palencia 2017

Casa de espiritualidad Santa María de Nazaret

Tandas de ejercicios 2017


JUNIO: Del 21 al 30 (ambos inclusive)
Director: D. Miguel Ángel Arribas

JULIO: Del 10 al 19 (ambos inclusive)
Director: P. Javier Garzón O.P.

AGOSTO: Del 1 al 10 (ambos inclusive)
Director: P. Luis Aparicio S.J.


Dirección: Ctra. de Burgos s/nº - km. 2
34004 - Palencia

Tfnos: 979 72 18 00 / 626 15 08 33

Accesos: Autobús línea 2, desde el Centro de la ciudad hasta la rotonda del Pastor

jueves, 2 de febrero de 2017

Mi primer Sagrario abandonado

   "Fuime derecho al Sagrario de la restaurada iglesia en busca de alas a mis casi caídos entusiasmos, y... ¡qué Sagrario!
   Un ventanuco como de un palmo cuadrado, con más telarañas que cristales, dejaba entrar trabajosamente la luz de la calle con cuyo auxilio pude distinguir un azul tétrico de añil, que cubría las paredes; dos velas que lo mismo podían ser de sebo que de tierra o de las dos cosas juntas; unos manteles con encajes de jirones y quemaduras y adornos de goterones negros; una lámpara mugrienta goteando aceite sobre unas baldosas pringosas; algunas más colgaduras de telarañas, ¡qué Sagrario, Dios mío! ¡Y qué esfuerzos tuvieron que hacer allí mi fe y mi valor para no volver a tomar el burro del sacristán, que aún estaba amarrado a los aldabones de la puerta de la iglesia, y salir corriendo para mi casa!
   Pero no huí. Allí me quedé un rato largo y allí encontré mi plan de misión y alientos para llevarlo a cabo. Pero sobre todo encontré...
   Allí, de rodillas ante aquel montón de harapos y suciedades, mi fe veía a través de aquella puertecilla apolillada, a un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno, que me miraba...   Sí, parecíame que después de recorrer con su vista aquel desierto de almas, posaba su mirada entre triste y suplicante, que me decía mucho y me pedía más. Que me hacía llorar y guardar al mismo tiempo las lágrimas para no afligirlo más. Una mirada en la que se reflejaban unas ganas infinitas de querer y una angustia infinita también, por no encontrar quien quisiera ser querido...
   De mí sé deciros que aquella tarde, en aquel rato de Sagrario, entreví para mi sacerdocio una ocupación en la que antes no había ni soñado y para mis entusiasmos otra poesía que antes me era desconocida.
   Ser cura de un pueblo que no quisiera a Jesucristo, para quererlo yo por todo el pueblo. Emplear mi sacerdocio en cuidar a Jesucristo en las necesidades que su vida de Sagrario le ha creado. Alimentarlo con mi amor. Calentarlo con mi presencia. Entretenerlo con mi conversación. Defenderlo contra el abandono y la ingratitud. Proporcionar desahogos a su Corazón con mis santos Sacrificios. Servirle de pies para llevarlo a donde lo desean. De manos para dar limosna en su nombre aun a los que no lo quieren. De boca para hablar de Él y consolar por Él y gritar a favor de Él cuando se empeñen en no oírlo... hasta que lo oigan y lo sigan... ¡Qué hermoso sacerdocio!
   Al poema pastoril en mis ensueños apostólicos del seminario, había sucedido de pronto la visión de una tragedia.
   Sobre aquel cuadro todo luz, todo expansión, todo alegría de los pueblos que yo creía cristianos y que por tanto tiempo había embelesado mi alma, acababa de caer una mancha roja, como de sangre, que quitaba toda la alegría del cuadro y apagaba toda la luz.
   ¡La sangre que al Corazón más bueno de todos los buenos corazones de padres, le está haciendo brotar la herida del abandono más cruel y brutal de todos los malos hijos! ¡Ay! abandono del Sagrario, ¡cómo te quedaste pegado a mi alma!
   ¡Ay!, ¡qué claro me hiciste ver todo el mal que de ahí salía y todo el bien que por él dejaba de recibirse! ¡Ay!, ¡qué bien me diste a entender la definición de mi sacerdocio haciéndome ver que un sacerdote no es ni más ni menos que un hombre elegido y consagrado por Dios para pelear contra el abandono del Sagrario!"

San Manuel González
2 de febrero de 1902

Imagen del corto "Sagrario, hogar de abandonados"